Las palabras se las lleva el viento

Una cruda verdad para cualquier escritor o persona que simplemente le gusta rasgar el lápiz contra el papel, en su defecto presionar teclas; nadie que guste de esta actividad puede escapar realmente de esta declaración. Cuando se trazan letras no siempre es con el fin de que sean leídas, pero si hay en ellas una verdad clara o entreescrita, para los fines de esta conversación no importa, y esa verdad puede ser olvidada incluso por el mismo autor, un ejemplo son los diarios de vida en los cuales dejamos vivencias, sentimientos, pensamiento, lo que sea que no afecte en ese momento y a pesar de que en un momento fueron tan importantes como para darnos el tiempo de escribirla unos años más tarde cuando te estas mudando de casa encuentras una caja vieja llena de polvo en donde dice recuerdos y entre ellas están tus juguetes y un cuaderno rosado que guardo tus más antiguos secretos y al leerlos te das cuenta de que apenas logran ser lo que decía en las caja, porque aunque hayan sido recuerdos no recuerdas ninguno, quizá estoy siendo fatalista y si te acuerdas cuando te dieron el primer beso, pero aunque pudieses acordarte de la mayoría siempre hay algunas parlabas en ese diario que se las llevo el viento. Eso solo es la punta del iceberg debajo en hasta la altura de la punta escondida en las profundidad del mar se encuentran todos los libros que nadie recuerda incluso de los más aclamados autores, libros que aunque vienen de la misma mente brillante nadie nunca suele mencionar en sus biografías y solo lo “fanáticos” saben y hay leídos esas palabras que parcialmente se las a llevado el viento, si porque creo que las palabras se la pueden llevar parcialmente; es como una verdad a medias.

Ahora cuando hablamos de la palabra hablada ahí no tenemos perdón de ningún Dios. Todo puede ser borrado y olvidado, quizá los discursos son los más memorados, pero a penas porque aun así ¿Quién se sabe un discurso completo? Solo recordamos fragmentos, frases célebres que salen de ellos.

A todo esto solo tengo que decir: Que las palabras se las lleva el viento. Si. Porque si no se las llevará, nunca podríamos escribir nuevas. Las palabras que se lleva el viento son el pasado, las palabras que se escriben en el presente son las que no debemos equivocar y las palabras del futuro son las que debemos elegir con cuidado.

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